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jueves, junio 05, 2003


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Chingas y rechingas a tu puta madre!- Maldijo la Teclas por lo bajo.
La Teclas siempre se distinguió por malhablada. Podía competir con los hombres del barrio en concursos clandestinos de vituperar peladeces. La vulgaridad se le daba natural. Eso, y coger. Se había hecho a fuerza de acostones de una fama de hacer la mejores rusas que era difícil de ignorar. Tanto que una vez apareció un hombre siguiendo el mito de los legendarios trabajos amatorios que hacía la Teclas con sus idem. Llegó en un mustang nuevo... mala idea en un lugar como aquel. Pero era un hombre de esos, seguro de sí mismos, dueños del mundo, que te dejaban saber a base de actitud que alguien como tú no los podría tocar impunemente. El Dandy la buscó. Pronto la encontró, y se la llevó. Nadie volvió a ver a la Teclas hasta tres años después, cuando regresó trastabillando por las calles, con los pelos rojos como la sangre y hasta la madre de tiza, contando historias fantásticas de cenas en París, comidas en Barcelona y desayunos a deshoras con elegantes comensales, que tomaban lugar en sus impúdicos pechos.

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